El Pedal Aragonés

Para dar cauce a cualquier pensamiento ciclista

Hartley: ¿bicicletas o joyas con pedales?

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Caren Hartley mantiene vivo en todo momento su inicial oficio de joyera. Ahora sus realizaciones ya  no adornan las manos o el cuello de una dama pero sigue creando joyas. Son joyas sobre ruedas que facilitan el pedaleo de sus propietarios. Actualmente Caren construye cuadros de bicicleta. Son cuadros a medida, de alta calidad, capaces de cubrir las exigencias técnicas de unos clientes que por un lado demandan las prestaciones propias del ciclismo y al mismo tiempo solicitan un toque de exclusividad propio de una joya. Sus cuadros no pasan desapercibidos en Londres. Están provistos de un barniz artístico inherente a la creatividad que se refugia en la soldadura de los tubos y bajo su pintura. Desde hace tres años Caren Hartley forma parte del exclusivo club de los constructores de cuadros a medida de Reino Unido. Llegó en silencio, sin hacer ruido, tratando de pasar desapercibida en un mundo integrado por hombres. Caren es una mujer observadora, con una profunda vida interna que en un momento dado se lanzó a dar un cambio radical a su  vida personal “Estaba aburrida. La joyería se basa en piezas pequeñas y yo quería hacer algo más grande. Quería hacer algo nuevo. Iba en bicicleta y pensé que con mis habilidades podía hacer cuadros de bici”.

Con una experiencia acumulada de doce años, Caren dominaba a la perfección el manejo de los metales y la soldadura. Incluso también atesoraba la experiencia de una época en la que se dedicó a la escultura y al diseño. Posee obras instaladas al aire libre en diversas ciudades del sur de Gran Bretaña. Caren  entró en el uiverso de la bicicleta cuando se vio en la necesidad de desplazarse en bicicleta, en Londres, cuando acudía a estudiar al Royal College of Art, debido a lo caro que resulta el transporte público en la capital del Reino Unido. El contacto permanente con la bicicleta alteró su vida, pero su amplia formación necesitaba complementarse con los necesarios conocimientos estructurales y técnicos que adquirió de un buen maestro, Jake Rusby, que le enseñó durante más de un año los secretos más valiosos de la profesión.

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Acostumbrada a trabajar sin barreras en los campos del diseño y la escultura, Caren si vio en la necesidad de someterse a los límites creativos y técnicos que impone un cuadro de bicicleta “Me gusta trabajar dentro de esos límites. Es una obra artesanal que debe responder a las exigencias del ciclista. Es un desafío permanente para la creatividad y eso me gusta. El trabajo se basa en casar la belleza del cuadro con su funcionalidad”. Adentrarse en su taller es como entrar en un pequeño santuario. Caren comparte JAILMAKER y cafetera con otros artistas. Para llegar a su “gruta sagrada” es necesario atravesar –literalmente- una zona de artistas que trabajan el metal y seguidamente otra de escultores en  madera. Su entorno está dominado por un absoluto ambiente de arte. El arte forma parte de su vida. Su habitual pañuelo de seda al cuello, una amplia melena recogida por evidentes razones de seguridad y sus dedos “vestidos” con algunos detalles de su pasado profesional en la joyería, dan un toque especial al momento en el que Caren se dispone a encender el soplete y soldar las piezas que previamente ha ensamblado a la perfección así como los detalles exclusivos requeridos por el cliente. Es el momento del artista, que acoge con igual cariño la materia prima Columbus o Reynolds, o bien la soldadura a testa o con racores. “Eso dependerá del cliente y de sus preferencias”, apunta Caren, que a sus 32 años se ha convertido en una referencia en el campo de los cuadros a medida en Reino Unido, con cuatro distinciones en la Bespoked, una Feria de bicicletas de artesanía que se celebra cada año en Bristol.

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Lo cierto es que en Gran Bretaña existe un amplio movimiento de constructores y demandantes de cuadros ciclistas tradicionales. Dentro de ese sector se agrupan muchos ciclistas que buscan una bicicleta tradicional (calapiés, manetas de cambio en el cuadro y frenos con cables al aire) para participar en marchas cicloclásicas. Caren responde a esta demanda con un cuadro de calidad que también puede completar con los complementos que solicite el cliente: grupo, frenos, ruedas, etc.. En cuanto a sillínes, Brooks es su marca preferida y la que va instalada en su bicicleta personal.

La producción de Caren es bastante limitada. Para ella el tiempo es algo muy relativo en la elaboración de un cuadro de bicicleta. Afirma que construye unos doce cuadros anuales. Mima cada detalle en su elaboración y eso le lleva tiempo, pero en el tiempo y en el precio todo dependerá de los complementos que exija el cliente. Caren no renuncia a su inicial oficio de joyera y viste sus cuadros con algún detalle en plata. Como mínimo lo hace en su logo del tubo frontal, pero las opciones de posibles detalles adicionales en oro son numerosas. Es una constructora que en su forma de trabajar, en sus detalles, en su desprecio al tiempo y en su cuaderno escolar sobre el canco de trabajo, rodeado de herramientas y manchado por la huella de sus dedos, recuerda profundamente al prestigioso constructor cántabro Marotias. Su agenda es una pizarra negra pintada sobre la pared en la que nota con tiza de colores sus obligaciones (To do).  Sus pedidos no se sirven antes de medio año. Se inician con una sosegada conversación junto a una taza de té. En esa cita inicial  hace un “psicoanálisis” del cliente. El futuro afortunado poseedor de un cuadro Hartley le suministra la información necesaria para acometer el diseño, pues cada cuadro es una obra única, adecuada a unas exigencias concretas. Durante el periodo de construcción, como si de un traje a medida se tratase, el cliente debe hacer una prueba de su encargo. El precio de sus cuadros oscila entre las 1600 y las 2400 libras.

En el proceso de construcción Caren tiene sus preferencias “Me gusta mucho el diseño en ciertas partes individuales del cuadro, como los puentes, y evidentemente la soldadura. También me gusta la pintura”. Si el cliente lo exige prepara cuadros tanto para cambios electrónicos como para frenos de disco. Todo es posible. Ella pinta sus cuadros aunque reconoce que adquirir la técnica le ha costado tiempo y rectificaciones. Trabaja tanto la bici de carretera como la bicicleta de montaña.

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Respecto al futuro del metal en la competición, esta constructora londinense admite que la industria profesional está comprometida con el carbono pero señala que hay equipos que están empezando adoptar cuadros de metal. En su cohabitación diaria entre el diseño y la técnica, y al preguntarle dónde le gustaría ver un cuadro de su marca, si en el Tour o en el MOMA de Nueva York, su modestia adopta un cierto egoísmo “Ja…ja…ja. Dífícil de responder. Me encantaría tenerlo en ambos sitios, aunque en el MOMA no pasaría de estar colgado en el pasillo de los baños”. Después añade que el diseño y la efectividad son dos cualidades que deben ir juntas. “No tiene sentido que un cuadro sea bonito y luego no funcione. Es un compromiso permanente entre ambas partes”.

Caren no se identifica con ninguna marca de bicicletas. “Hago algo diferente a lo que hacen las grandes compañías”. Tampoco aspira a crear una gran empresa. “Sí que es cierto que me gustaría crecer añadiendo alguna persona que se ocupase de los pedidos, el papeleo, etc… pero yo seguiría haciendo los cuadros”.

En su convivencia con la bicicleta, Caren Hartley mantiene una relación especial. No tiene coche y además de los desplazamientos diarios por Londres sobre una Hartley, da buena cuenta de grandes recorridos los fines de semana. Esta entrevista se realizó en lunes ante su bicicleta todavía con barro procedente de un lluvioso domingo británico “No he tenido tiempo de lavarla. Ayer hice 195 kilómetros, muchos de ellos con agua”.  El pasado año estuvo disfrutando de la Provenza en bicicleta. En una sola jornada subió las tres vertientes del Ventoux. Quería ensayar la adaptación de su cuadro para la subida y la fiabilidad en los descensos.

Caren Hartley todavía no ha recibido ningún pedido de España (¿serás tú el primero?) pero sí de otros países fuera del Reino Unido. Con su habitual pañuelo de seda al cuello, como Isla Fisher con su pañuelo verde, está marcando tendencia al impregnar a sus “framebikes” de un exclusivo sentido de obra de arte.  Puedes inspeccionar sus magníficas obras en:

http://www.hartleycycles.com/

A.G.

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Esta entrada fue publicada el 16 julio, 2017 por en Sin categoría.

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